
Si tuviera que ponerle nombre de animal a la dulzura posiblemente elgiría la mirada de un ternero, pero si tuviera que ponerselo a la elegancia escogería sin dudarlo al caballo, su forma de moverse, su porte, su nervio... Aveces parece que exagera su paso para acrecentar su presencia,como si fuese consciente de que lo observamos, pero así como un caballo en libertad es pura majestuosidad su paso se vuelve cansino y su cabeza se hunde cuando el encierro es su destino...





















